Das all-you-can-eat Fest
El ruidoso. Se abren las puertas, se llenan las bancas, prende el fuego y la comida no deja de llegar hasta que la cocina se rinde. Metales y banda se turnan canciones por todo el salón toda la noche.

El primer Oktoberfest no tuvo carpas de cerveza. Su lista de invitados: todos.
El ruidoso. Se abren las puertas, se llenan las bancas, prende el fuego y la comida no deja de llegar hasta que la cocina se rinde. Metales y banda se turnan canciones por todo el salón toda la noche.
La noche más chica. Menos bancas, el mismo fuego, música que deja platicar. Pides lo que se te antoje y los platos llevan su propio ritmo.
El tranquilo. Velas a lo largo de una sola mesa larga, tiempos que llegan despacio, y todo el salón baja a un murmullo para el tercer plato.
Según el mito, los bávaros inventaron la banda. No fue así.
Lo que muestran los registros es un puerto, una casa comercial y un plan de pagos. Comerciantes alemanes en Mazatlán importaban tubas y clarinetes y los vendían en abonos, y así los metales llegaron a los pueblos y no solo a las bandas militares. La polka, el vals y el chotis entraron por la misma puerta.
La herencia se oye. La tuba caminando el bajo, el oom-pah cayendo a contratiempo, el 2/4 sobre el que corre la polka. La tambora es un bombo con un platillo atornillado, salido directo de una banda europea, y el género entero tomó su nombre de ella.
Ningún registro muestra a un alemán fundando ni una sola banda sinaloense. Los alemanes pusieron los fierros. Los sinaloenses decidieron qué tocar con ellos, e hicieron algo más fuerte de lo que Baviera imaginaba.
Así que cuando la banda se acomoda junto a los metales en nuestra fiesta, no hay montaje. Mismos instrumentos, mismo compás, misma idea: al aire libre, fuerte, todos en la mesa.
Servimos artesanal de por aquí, más unos cuantos cerveceros alemanes chicos que se instalaron en Jalisco y ya no se fueron. Cerveza buena, hecha cerca, servida fría.
Pero la cerveza más alemana de la mesa es la que ya está en todos los refris de México.
Tres comerciantes alemanes fundaron la Pacífico en Mazatlán el 14 de marzo de 1900. Uno de ellos, Johan Georg Claussen, era el cónsul alemán. Trajeron el método pilsner, compraron maquinaria americana, importaron malta y lúpulo, y entregaron las primeras cajas en carreta de mulas a un puerto que nunca había tenido cervecería.
La misma casa comercial que le vendió a Sinaloa sus tubas en abonos, Casa Melchers, terminó manejando esa cervecería. Una red alemana, un muelle, dos cosas bajando de los mismos barcos.
Así que la polka y la pilsner llegaron al mismo puerto. Las volvemos a poner en la misma mesa.